Argentina
El problema de las pasteras
Daniel Paz / Humor gráfico argentino
Archivo WIP

Ser imparcial en esta crisis es complicado. Lo que está claro es que el diálogo no se produce por la puja de poderes e intereses económicos. Las opiniones están divididas al igual que el pueblo, porque cada cual analiza la crisis desde su propio bolsillo.
Por un lado la gente del campo ha sido muy egoísta, prefiriendo exportar y como consecuencia se dolarizó la economía, invirtieron en la construcción por el miedo al corralito lo que desencadenó la subida de  precios de las propiedades y alquileres, quitándoles  la posibilidad al trabajador del acceso a la vivienda. También en su afán de “codicia actual” cultivaron soja de forma indiscriminada sin mirar las consecuencias ecológicas, talando montes y cultivando semillas transgénicas. Actualmente por su reclamo a través de los cortes de ruta,  dejan al pueblo desabastecido de alimentos básicos. Por otro lado, son el motor de la economía y no es justa la política de gobierno feudalista que quieren imponer a la fuerza a través de grandes retenciones  que termina destruyendo al pequeño productor. Retenciones que no vuelven al pueblo y como en tantas otras ocasiones quedan en los bolsillos de muchos  gobernantes.

Sin diálogo no habrá negociación, con gritos nadie se escucha. Dividir es la consigna

La actitud de la Presidenta es soberbia, ha llamado a los cortes de ruta “piquetes de la abundancia”. Cabe aclarar que los “piqueteros” no han sido inventados por la gente del campo, siendo el propio gobierno sus principales creadores.

La gente del campo no da más y el gobierno lejos de buscar una solución decide mandarles matones o la gendarmería para reprimir.

Todo esto lo he visto con mis propios ojos, más de 400 gendarmes ocupaban el sitio donde se encontraban apostados los campesinos en la ruta a la altura de San Pedro, entre las ciudades de Rosario y Buenos Aires.
La gente del campo resiste pero no son matones a sueldo, ni gente violenta. Los medios están a favor del gobierno. El desenlace puede llega a ser trágico si no se encuentra una pronta solución a este tema.

Florencia Moragas.

La crisis del campo en Argentina
por Florencia Moragas para WIP
Infancia Militarizada
Por Laura Romina Santillán y Arnaldo Pérez Guerra
Apareció con vida el dirigente de los Derechos Humanos Juan Puthod
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Se comunicó telefónicamente con su esposa. Fue llevado a una clínica para verificar su estado de salud, ya que se encuentra lastimado. Es un testigo clave en las causas contra represores de la localidad bonaerense de Zárate. Un integrante de la Casa de la Memoria de Zárate anunció esta noche la aparición de Juan Puthod a quien se buscaba desde ayer por la tarde cuando había desaparecido mientras iba rumbo a la radio.

El dirigente que anunció la aparición de Puthod afirmó que según supo la mujer Graciela Lencina, ya le había confirmado que Puthod había aparecido "lastimado, pero bien", dijo visiblemente emocionado.

"Tiene la cara muy golpeada" afirmó Fabiana Valé, quien se identificó como compañera de militancia de dirigente que había desaparecido ayer en Zárate y que apareció esta misma noche.

Según Valé: "lo vi esta noche cuando llegó a la remisería, yo estaba con Graciela (Lencina), su mujer, y él se emocionó al vernos" dijo Valé, que aclaró que "casi Juan no podía hablar, estaba muy shockeado", dijo.

Prensa de Frente

El martes 29 de abril, cerca de las 19, fue secuestrado Juan Puthod, ex detenido desaparecido durante la dictadura, militante de derechos humanos y actual testigo en la causa en la que se investigan los crímenes cometidos en el circuito Campana, formado por los distritos de Baradero, Campana, Escobar, Exaltación de la Cruz, Pilar y Zárate. En esta última ciudad reside Puthod, que desapareció cuando se dirigía desde la Casa de la Memoria a una radio FM donde conduce un programa. El militante venía siendo amenazado desde hace casi tres años.

Puthod, de 49 años, sobreviviente de un centro clandestino de detención, participa de la Comisión por la Recuperación de la Memoria de Campo de Mayo y trabaja en la Casa de la Memoria de Zárate. Desde este espacio se estaba organizando un acto de homenaje a los militantes Eduardo Pereyra Rosssi y Osvaldo Cambiasso, asesinados en 1983, causa que involucra directamente al ex comisario Luis Abelardo Patti, en estos momentos envuelto en una polémica por su desafuero como diputado. La actividad, a realizarse en el km. 103 de la ruta 9 –el sitio donde se encontraron los cuerpos de los militantes peronistas-, está prevista para el 16 de mayo y, entre otras exigencias, plantea la reapertura de la causa, pedido que también viene realizando el fiscal.

A partir de las amenazas recibidas desde el 2005, Puthod mantenía comunicación permanente con su esposa, Graciela Lencina. Pero en momentos en que Puthod se dirigía a la estación de radio FM donde hace su programa, Graciela no se pudo comunicar con él. Cuando ella comprobó que no comenzaba el programa, a las 19, supo que algo había pasado. De acuerdo a lo señalado por su hija Laura, quien destacó que Juan sufre problemas cardíacos y de diabetes, la última vez que lo vieron vestía un jean gastado, un buzo celeste y una campera verde. Fuentes oficiales declararon que en este momento participan en la búsqueda 250 efectivos de la Policía bonaerense, con seis helicópteros, rastrillando el lugar.

La desaparición de un nuevo testigo pone otra vez bajo la lupa la política de derechos humanos del gobierno, golpeada luego de los secuestros de Jorge Julio López y Luis Gerez, que aún siguen sin resolver, pese a que este último apareció con vida a pocas las horas de su desaparición. En estos momentos la Multisectorial La Plata, espacio que nuclea a organizaciones de derechos humanos, sociales y políticas y principal impulsor de la exigencia de esclarecimiento del secuestro de López, se está convocando en una reunión de urgencia. "El gobierno nacional y provincial no hizo nada por esclarecer estos casos; por el contrario, la justicia y el poder político han obrado para encubrir y hacer 'caer en el olvido' estos brutales episodios, dejando de hecho un manto de impunidad sobre los mismos. La desaparición de Puthod es consecuencia de esa impunidad promovida desde el gobierno nacional y provincial", expresaron en un comunicado que convoca a reunirse a las 16 de hoy en la Casa por los DDHH Hermanos Zaragoza.

Desde la Asociación de Ex Detenidos Desparecidos, sus integrantes también expresaron su preocupación: "Repudiamos esta gravísima situación; hacemos responsables al gobierno nacional y al gobierno provincial de su aparición con vida y en perfectas condiciones. La única garantía para brindar seguridad a sobrevivientes, familiares, a todos aquellos compañeros involucrados en la lucha contra la impunidad, y al pueblo argentino todo, es que los genocidas no sigan caminando entre nosotros y estén en el lugar que les corresponde: la cárcel, común, efectiva y perpetua!".

Contacto con la ASOCIACION DE EX DETENIDOS-DESAPARECIDOS
Contacto prensa: 15-4430-3569 / 15-3208-9786
Adhesiones: aedd@exdesaparecidos.org.ar

Fuente: Rebelion

Burgués sí, pero, ¿reformista?

Atilio Borón
Página 12

En el marco del desafío planteado por el lockout de los empresarios agrícolas se planteó el debate sobre los alcances políticos de la medida. En estas páginas, el sociólogo Eduardo Grüner argumentó que estaba en juego la legitimidad del Estado para intervenir en la economía y alertaba sobre los peligros “si la derecha gana”. El politólogo Atilio Boron se suma a la polémica cuestionando el “reformismo” del actual gobierno.

Eduardo Grüner publicó un interesante y sugestivo artículo con el título “¿Qué clase(s) de lucha es la lucha del ‘campo’?” (Página/12, 16 abril 2008) con el cual tengo algunos acuerdos pero también bastantes discrepancias. Quisiera tratar sólo una de éstas: su definición, a mi modo de ver muy generosa, del kirchnerismo como un gobierno “reformista-burgués”. Sin embargo, esta caracterización provocó pocos días después la crítica de José Pablo Feinmann quien dijo que sería infantil esperar que el gobierno de Cristina fuera “revolucionario socialista”. Y agregó, “hoy, un gobierno reformista burgués es mucho más de lo que la Sociedad Rural, todo el establishment y los Estados Unidos están dispuestos a aceptar en América latina. Al reformismo burgués le dicen populismo y, para ellos, es la peste”.

Es cierto que el reformismo burgués sigue siendo tan inaceptable hoy como en 1954, cuando el ensayo tímidamente reformista burgués de Jacobo Arbenz en Guatemala fue ahogado en un baño de sangre, y el Che conoció muy bien esa historia como para sacar las adecuadas lecciones del caso. Pero, ¿sobre qué base califican tanto Grüner como Feinmann al gobierno de los Kirchner como “reformista”? ¿Cuáles fueron las reformas que impulsaron y ejecutaron? Por supuesto, no es este el lugar para realizar un balance de lo actuado en el período abierto con la asunción de Néstor Kirchner el 25 de mayo del 2003. Digamos, eso sí, que el mayor acierto del período fue la política de derechos humanos, más allá de algunas inconsistencias (entre otras cosas, expresadas en la total incapacidad para proteger testigos como Julio Jorge López, desaparecido como en los tiempos de la dictadura) y que el otro logro de la gestión, menos importante que el anterior, se produjo en el campo de la política exterior, acompañando –no obstante sin mayor protagonismo– el embate de Chávez en contra del ALCA. No obstante, mismo en este terreno el panorama no dejó de tener llamativos contrastes porque simultáneamente Kirchner rechazaba reiteradas invitaciones para visitar Cuba, se mantenía al margen de la Cumbre de los No Alineados realizada en La Habana y viajaba a Nueva York, en 2006, para participar en la Asamblea General de la ONU rematando su viaje con una insólita visita a la Bolsa de Valores de Nueva York y declaraciones, a cuál más desafortunada, sobre el futuro capitalista de la Argentina. Para colmo, el año pasado cedió ante la presión de Washington e impulsó la aprobación, con fulminante rapidez, de una absurda legislación “antiterrorista” que en manos de cualquier otro gobierno puede ofrecer el marco legal necesario para la completa criminalización de la protesta social y la disidencia política.

Esos son los dos puntos fuertes del kirchnerismo, ayer y hoy. Admitido. Pero, ¿dónde están las reformas que excitan la generosidad de Grüner y la réplica de Feinmann? No las veo. Para los incrédulos los invito a comparar la gestión del kirchnerismo ya no con el reformismo socialdemócrata escandinavo sino con las del primer peronismo, el del período 1946-1950. En aquellos años se fortaleció al movimiento obrero, se aprobó una vasta legislación laboral sin parangón en la periferia capitalista (vacaciones pagas, aguinaldo, jubilaciones, estabilidad laboral, indemnizaciones por despidos, tribunales de trabajo, accidentes laborales, obras sociales, etcétera), se creó el IAPI, el Banco de Crédito Industrial, la flota mercante del Estado, Aerolíneas Argentinas, y se nacionalizaron el Banco Central, los depósitos bancarios, los ferrocarriles, los teléfonos, la electricidad y el gas. Durante su exposición en la Cámara de Diputados, en 1946, Perón pronunció, a propósito de la nacionalización del Banco Central, unas palabras que es oportuno recordar en los tiempos que corren en donde el pensamiento único no cesa de alabar las virtudes de la supuesta independencia de los bancos centrales. “¿Qué era el Banco Central? –se preguntaba Perón–. Un organismo al servicio absoluto de los intereses de la banca particular e internacional. Por eso, su nacionalización ha sido, sin lugar a dudas, la medida financiera más trascendental de estos últimos cincuenta años.” Aparte de eso, el Estado pasó a ocupar un lugar decisivo en la promoción de la industrialización y sus obras públicas –caminos, diques, escuelas, hospitales– cubrieron prácticamente toda la geografía nacional. Además se sancionó una nueva Constitución, en 1949, en la cual se establecía una serie de derechos sociales a tono con las conquistas que en ese terreno se estaban produciendo en el capitalismo europeo.

Un Estado inexistente

¿Y ahora? El Banco Central está en manos de un Chicago boy y la obra pública paralizada. El Estado, destruido por el menemismo, sigue postrado: no puede apagar un incendio de pastizales en una llanura porque carece sea del dinero, o de la idoneidad, para adquirir un avión hidrante canadiense que cuesta menos de veinte millones de dólares y que hubiera acabado con el fuego en un santiamén; no puede abastecer de monedas a la población; no puede regular ni supervisar el funcionamiento de las empresas privatizadas, y entonces los usuarios del ferrocarril periódicamente incendian estaciones y formaciones para hacer oír su protesta; no puede cobrarle impuestos a Aeropuertos 2000 y entonces se asocia en calidad de “socio bobo” y minoritario a la empresa en lugar de exigir el pago de lo adeudado; no puede garantizar que los caminos y rutas privatizadas estén en correcto estado de mantenimiento mientras decenas de viajeros mueren a diario en horribles (y evitables) accidentes; asiste de brazos cruzados a la desintegración de la red ferroviaria nacional y como única política propone un “tren bala”; no exige a las aerolíneas privatizadas que cumplan un diagrama de vuelos que sirva para integrar las principales ciudades del país, que los fines de semana se quedan aisladas; se muestra indiferente ante el saqueo de los recursos naturales, desde el petróleo y el gas hasta los minerales,y ante el gravísimo deterioro del medio ambiente causado por las explotaciones mineras; prosigue sumido en un estupor catatónico ante el calamitoso derrumbe de la educación y la salud públicas, sin que se le ocurra poner un centavo para remediar la situación, al paso que se ufana de los 50.000 millones de dólares atesorados –al igual que Harpagón, el protagonista de El avaro de Molière– mientras el pueblo pasa hambre, no puede educarse ni cuidar de su salud. Pese a disponer de una mayoría absoluta en ambas Cámaras del Congreso –que vota a libro cerrado cualquier proyecto que ordene la Casa Rosada–, Kirchner no envió una sola propuesta para reformar la estructura tributaria escandalosamente regresiva de la Argentina o para establecer una legislación que posibilitase un combate efectivo contra el desempleo, la exclusión social y la pobreza. Tampoco iniciativa alguna para recuperar el patrimonio nacional rematado durante el menemismo. Un gobierno que, por otra parte, a más de cinco años de inaugurado todavía no definió una política de distribución de ingresos, consolidación del mercado interno y desarrollo nacional. Es cierto que se disminuyó la proporción de pobres e indigentes, pero ésta aún se encuentra por muy encima de los valores existentes al inicio de la actual fase democrática de la Argentina, hace un cuarto de siglo. Con un agravante: que este gobierno dispuso de una coyuntura económica excepcional, como ningún otro en nuestra historia, lo que torna aún más imperdonable que una parte al menos de esa riqueza no hubiera llegado a satisfacer las demandas populares. Y pese a sus estentóreas denuncias en contra de la dictadura, dos piezas maestras de ese régimen: la Ley de Entidades Financieras y la Ley de Radiodifusión continúan en vigencia hasta el día de hoy. La renta financiera sigue estando libre de impuestos así como las ganancias resultantes de la venta de sociedades anónimas. Y el Gobierno sigue sin otorgarle el reconocimiento oficial a la CTA y convalidando, de ese modo, el control político de los sectores populares en manos de una burocracia cuyo desprestigio es absoluto. Esto explica, en gran medida, la indiferencia popular ante la ofensiva del mal llamado “campo”: el pueblo no salió a la calle a defender su gobierno porque no lo siente suyo. Y tiene razón. Sería bueno que el Gobierno dedicara algún tiempo a reflexionar sobre la génesis de esta alarmante pasividad popular.

La anterior es una lista incompleta y parcial, pero suficiente para demostrar que bajo ningún criterio mínimamente riguroso estamos en presencia de un gobierno reformista. Es un gobierno “democrático burgués” (con todas las salvedades que suscita esta engañosa expresión), pero donde el componente “burgués” gravita mucho más que el “democrático” y en donde el reformismo sólo existe en el discurso, no en los hechos. Es asombroso escuchar, como ha ocurrido reiteradamente en los últimos años, las invocaciones de los distintos ocupantes de la Casa Rosada exhortando a los argentinos a redistribuir el ingreso y a repartir de modo más equitativo la riqueza. En fechas recientes la Presidenta volvió a insistir sobre el tema, a propósito del paro agrario. Pero, si no lo hace el Gobierno, ¿quién lo puede hacer? ¿Qué esperan? Si por mí fuera emitiría un decreto de necesidad y urgencia desde mi cátedra de Teoría Política y Social de la UBA instituyendo una radical reforma del régimen impositivo y utilizaría ese dinero para mejorar los ingresos de todos quienes estén por debajo o un poco por encima de la línea de pobreza, pero, ¿quién me haría caso?, ¿qué juez atendería la demanda de los eventuales beneficiarios?, ¿cómo podría obligar a los contribuyentes más ricos y a las grandes empresas a pagar el nuevo impuesto? El Gobierno debería abstenerse de formular ese tipo de estériles exhortaciones.

El posibilismo es inaceptable

Creo que lo anterior demuestra con claridad que no hay “reformismo burgués”. ¡Ojalá lo hubiera! No porque el reformismo satisfaga mis esperanzas sino porque al menos nos posibilitaría avanzar unos pocos pasos en la construcción de una verdadera alternativa, es decir, una salida post capitalista a esta crisis sin fin en que se debate la Argentina, sea en el estancamiento tanto como en la prosperidad económica (que llega a unos pocos).

Por eso es que disiento de lo que plantea Grüner cuando dice que “si alguien nos chicanea con que terminamos optando por el ‘mal menor’ no quedará más remedio que recontrachicanearlo exigiéndole que nos muestre dónde queda, aquí y ahora, el ‘bien’ o su posible realización inmediata.” ¿Dónde queda el “bien”? Eso lo sabe Grüner tanto como yo: el “bien” es el socialismo. Pero mientras maduran las complejas condiciones para su construcción es posible la realización inmediata de algún “bien”, de algunas reformas que pongan fin a la escandalosa situación en que nos hallamos. ¿O me va a decir que hará falta una revolución socialista para aproximar la estructura tributaria de la Argentina a la que tienen países como Grecia y Portugal en la Unión Europea, para no hablar de la que existe en Escandinavia? ¿Será preciso asaltar el Palacio de Invierno para que las retenciones al agro –totalmente justificadas en la medida en que se discrimine entre los distintos estratos del patronato agrario– se coparticipen con las provincias y sean asignadas exclusivamente a combatir la pobreza y a reconstruir la infraestructura física del país y no al pago de la deuda? ¿Tendremos que subirnos a la Sierra Maestra para que el Estado regule cuidadosamente el desempeño de las privatizadas y avance en un programa de “desprivatización” para aquellas que se compruebe que han estafado al fisco y a los usuarios? ¿Habrá que esperar el cañonazo del Aurora para derogar la Ley de Entidades Financieras de Martínez de Hoz? En suma: no es un tema de chicanas o recontrachicanas, sino de exigirle al Gobierno que haga lo que debe hacer. Que tenga la osadía de ser un poquito reformista. Y si no hace lo que hay que hacer es porque no quiere, no porque no puede. Y si no quiere no veo la razón para que tengamos que apoyarlo en contra de un fantasmagórico “mal mayor”, espectro invariablemente agitado por quienes quieren que nada cambie en este país y que termina en el posibilismo y la resignación. Como creo que estas dos actitudes son inadmisibles, ética y políticamente, es que me opongo a entrar en el repetido juego de “nosotros” o el “mal mayor”, que desde hace décadas viene empujando a la Argentina hacia el abismo y hacia nuestra degradación como sociedad. Tiene razón Grüner cuando dice que “no estamos ante una batalla entre dos modelos de país; el modelo del Gobierno no es sustancialmente distinto al de la Sociedad Rural”. Corrijo: es un solo modelo, pero no es el de la Sociedad Rural, pobrecita, sino el de los grandes ausentes de este debate y que los compañeros del Mocase oportunamente trajeron al primer plano en su nota del viernes 25 en Página/12: es el modelo del gran capital transnacional, cuyas naves insignia en materia agraria son Monsanto, Dupont, Syngenta, Bayer, Nidera, Cargill, Bunge, Dreyfus, Dow y Basf. Y si este modelo prosperó fue porque desde Menem hasta nuestros días –aclaro, dada la susceptibilidad ambiente, que me parece un disparate decir como lo hace cierta izquierda trasnochada, que este gobierno es igual al de Menem– no hubo un solo gobierno, tampoco el de los Kirchner, que intentara cambiar el modelo agrario-exportador y poner fin a la sumisión de nuestro país a las transnacionales. Todos facilitaron cada vez más las cosas para que la Argentina se convierta en una especie de emirato sojero, y si hoy el Gobierno se queja de la rapacidad “del campo” sería bueno que se interrogue por qué no hizo nada para impedir que lleguemos a esta situación. Por lo tanto, lo de “reformista” es una concesión gratuita a un gobierno que, por lo menos hasta ahora, no ha hecho ningún esfuerzo serio para hacerse acreedor de ese calificativo.