La revolución cubana cumple 50, aunque por ella no pasan los años, sigue como el primer día. Los mismos uniformes, los mismos discursos, la misma retórica. Las mismas caras, aunque la de Fidel Castro no estaba presente, lo que nos dice que ya no puede hacer apariciones públicas. Si es cierto que no se puede tener en pie, será mejor no verle. Quedémonos con el recuerdo del Castro de siempre. Que las cámaras no destruyan su imagen de hombre fuerte. Que la historia no le recuerde doblegado por su enemigo más duro: el tiempo.
Su hermano Raúl, hoy presidente, ha leído un discurso con poco desperdicio, lleno de guiños y avisos al futuro. Dijo que la clave de la revolución ha sido RESISTIR. Resistir a las tormentas políticas, a los presidentes de EEUU, a cual más intransigente con el bloqueo, resistir a la crisis, al marxismo, a la URSS, a los huracanes, al dólar. Resistir al paso del tiempo, a las críticas, los insultos, las envidias… Raúl ha extendido el deseo de longevidad a los próximos 50 años, aunque sería muy duro ver a Cuba resistiendo otro medio siglo. La Habana, se desmorona como un terrón de azúcar en un baso de agua, agua de mar.
Con esta cincuentona, han bailado todos y todos le han querido meter mano. Más de uno se ha llevado un bofetón. Bailó con ella Kennedy y Cruchef, respiraron su perfume artistas, poetas y soñadores. Muchos se enamoraron apasionadamente, perdiendo la cabeza. Muchos la odiaron hasta el punto de querer envenenarla. Pocos han aguantado el ritmo de sus caderas. Pocos se han mantenido despiertos para verla dormirse, cansada de bailar. Ahora su perfume es de nostalgia.
Por desgracia el discurso de Raúl, suena más a despedida que a triunfo. Por alguna razón, quizá por el estado de Fidel, existe la sensación generalizada de que muy pronto habrá que cambiar de rumbo. Pasar del uniforme a la corbata, de la resistencia a la neo-demagogia.
Existen pequeñas trazas de esperanza en la política internacional, en la política de EEUU, que no se deberían desaprovechar. El mundo está patas arriba eso ni quien lo dude y precisamente por eso, el ejemplo de los cubanos tenga ahora más valor que nunca. Quizá tengan que exportar un poquito de esa vida, de ese espíritu a muchos pueblos que muy pronto se verán necesitados. No hablo de ideas políticas, no me refiero a discursos del Che; me refiero al espíritu de la gente, a esa sonrisa que no se pierde, a esas ganas de sobrevivir, de salir adelante, que en Cuba sorprende tanto a esos turistas que llegan a la isla pensando que es casi un campo de refugiados.
RESISTIR, sin duda ha sido la clave de estos 50 años. Quedará para siempre en la historia la Cuba revolucionaria, la que enseñó a leer y escribir, la que tenía ideas e ideales, la que por un momento pudo ser la revolución más brillante del continente americano. Brilló tanto y dio tanto miedo a los que miraban desde lejos, que incluso hoy se la impide brillar más allá de sus costas.
Han sido 50 años de aciertos pero también de cabezonerías y equivocaciones. 50 años de barba y de balseros, de habanos y secretos, de capitalismo y anticapitalismo. Ha habido ilusión y decepción. Bonanzas y hambres. Engaños, mentiras y esperanza. Muchísima esperanza.
Se impone la reflexión sobre el futuro que será de lucha en los próximos 50 años, ha dicho Raúl. Y asusta, pero asusta porque Cuba no aguanta otros 50 años de asedio, de pobrezas, de escasez. Tiene que dejar de esperar el desembarco de los soldados americanos, y prepararse al desembarco de los “gusanos” que vendrán a recuperar sus bienes, a la mala. Serán los propios cubanos los que terminarán por envenenar de nuevo a la esperanza. No serán ni los misiles, ni los rusos, ni la CIA, ni Bush. Serán nacidos de esa tierra. Hijos de esa tierra quienes un día llegarán a imponer su ley.
El bloqueo parece haber paralizado también la estética y los ideales, los pensamientos y las formas. La lucha se quedó anquilosada, bailando una melodía desgastada. Antigua, obsoleta. La resistencia a absorbido toda la energía y todo el aliento, la capacidad de construir, de rehacer, de renacer. Se quedó a medias esta gran revolución, que nunca se dejó pisotear, no se dejó matar, no se pudo erradicar. Ha sobrevivido a casi todos sus enemigos potenciales. Casi, casi, sobrevive incluso al capitalismo, que en una reunión de los G-20 parece haber recibido un poco más de aire, aunque sea solo por asistir a este cumpleaños disimulando la sonrisa.
Tiene razón Raúl, hay aún mucho por hacer. |
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