Corrupción en blanco y negro

28 - 06- 2008 - De un lado Mugabe, negro, que ya no sabe qué hacer para seguir en el poder. Del otro Berlusconi, blanco, que sufre de la misma obsesión. Esto demuestra que el color de la piel no tiene nada que ver con las ambiciones del alma. El alma no tiene color.

Quizá el estilo de Berlusconi, -la famosa mano negra- resulte más elegante, más europeo… y el de Mugabe -la terrible mano dura- primitivo y retrógrado, pero el objetivo final es el mismo. Los dos son dictadores y quieren que el país entero baile con la música que ellos tocan.
Cuentan los historiadores que mientras ardía Roma, Nerón tocaba la lyra, es decir, que al político le importaban más sus vicios y placeres que los problemas de su pueblo. ¡Qué poco hemos cambiado! Los poderosos, los políticos, siguen siendo igual de corruptos. Unos con toga, con armadura, con turbante, otros con corbatas de seda… pero el alma sigue sufriendo las mismas ansiedades. Todos desprecian a las masas, sean del color que sean.

Berlusconi aguanta las críticas, aumentadas por la revelación de unas conversaciones telefónicas que demuestran lo podrida que está su carrera política. Pero ya está en el poder y no se va a marchar, digan lo que digan. De hecho, ha conseguido aprobar una ley que le otorga inmunidad absoluta, sueño de todo megalómano. Lo que no es comprensible es la actitud pasiva de los italianos, apasionados que no dudan en salir a la calle en masa para celebrar un partido de fútbol.

Mugabe tampoco se va, digan lo que digan, aunque intenta suavizar la opinión de la comunidad internacional instaurando la democracia en Zimbabwe, solo si gana él, claro. El gesto de poco le está sirviendo porque el mundo entero parece haber captado que Mugabe no es precisamente Blancanieves y hasta se habla de enviar tropas a su país para obligarle a respetar las reglas del juego. Además sus eternos aliados, entre ellos la antigua Unión Soviética, le han dado la espalda. Los tiempos cambian, los vientos de los intereses políticos también. Los dictadores de larga duración deberían prever este fenómeno.

La ONU está dispuesta a mandar fuerzas de paz para poner orden; africanas claro. Debajo del color azul de los cascos no habrá color blanco. Sin embargo, la perversión de las reglas del juego por parte de Berlusconi no mueve en la ONU ni un parpadeo, aunque se hable de fichar a las personas según su origen étnico, como en su día también lo anunciaran los nazis. Nada grave. La ambición corrompida de los poderosos parece que nunca va a cambiar.

Así, mientras nos intentan convencer de lo mala que es la corrupción del puño negro, el guante blanco controla impunemente nuestras vidas. Nos pintan de negro a los malos y les convierten en el blanco de los misiles que disparan los buenos. ¿Somos nosotros los buenos? La convincente sonrisa de los políticos ilumina el camino hacia un futuro negro que ofrece coches espaciales, edificios que se mueven, una vida de ciencia ficción… pero nada de libertades individuales, ningún cambio en el alma de la política. Ningún color para el alma.

 
   
     
         
World Image Press