27-Enero-2009- Hoy se conmemora el holocausto judío. Hoy, Israel detiene sus vehículos, para toda actividad y guarda un emotivo silencio mientras suenan las sirenas.
Shimon Peres ha pedido a la comunidad internacional en su discurso oficial, que el horror no se vuelva a repetir. Bonitas palabras que deberían ser una meta para todos los pueblos, pero el pueblo que exige esa memoria, que invierte miles de millones para que ese recuerdo no se borre jamás, quiere que olvidemos los horrores que ellos han cometido hace tan solo dos días y que todos hemos visto en las noticias de las diez.
¿Hubiera sido igual de terrible si en vez de 6 millones hubieran sido 2? ¿Y si hubieran sido 12? ¿Es cuestión de números? No. El horror no puede, no debe medirse como si fuera el “raiting” de un programa de la televisión. El horror no tiene nacionalidades ni banderas. Por desgracia el pueblo judío, que debería ser el primero en defender los derechos humanos, que debería ser el pueblo más sensible a las atrocidades y las matanzas, se ha convertido en uno de los más crueles y sangrientos de nuestros días, actuando con una prepotencia comparable por desgracia a la de sus opresores 50 años atrás. Aunque Hitler no contaba con el beneplácito internacional.
¿Qué opinaría cualquier superviviente de los campos de exterminio nazis si pudiera presenciar el asesinato de mujeres y niños a manos del ejercito israelí?
Con todos mis respetos a las víctimas del holocausto, creo que Israel ha perdido su derecho a defender ese recuerdo. Su forma de actuar contra el pueblo palestino convirtiéndolo en un geto amurallado, aislándolo como aislaron a los judíos en Alemania, sus detenciones y encarcelamientos ilegales, sus asesinatos selectivos, llenos de “errores” y de niños convertidos en simples “daños colaterales” y los muertos en bombardeos y matanzas no tan selectivas como protagonizadas por Ariel Sharon en Sabra y Chatila ( por las cuales no solo eludió toda justicia si no que se le hizo Primer Ministro) hacen que su lucha y sus reivindicaciones con respecto al holocausto se vean enturbiadas.
Los israelitas apoyan sus acciones. Las ven tan necesarias y justificables como Hitler veía las suyas. Un padre palestino puede justificar su acción de terrorista suicida, cuando toda su familia ha muerto bajo las bombas y misiles de Israel sin que ningún país del mundo le ofrezca justicia.
Un Israelita puede justificar que se bombardee Gaza porque en alguna de esas casas puede haber un terrorista suicida.
Como siempre, la violencia se convierte en un círculo vicioso, sin principio ni fin.
La injusticia, el abuso, el autoritarismo, la fuerza bruta no son admisibles en una sociedad como la nuestra, aunque por desgracia parece que el estado de derecho, la justicia y el respeto a los derechos humanos son los que cada día deben luchar más por no perder el poco terreno que les queda. La civilización y sus antagonismos absurdos.
Shimon Peres, que tanto pide a la comunidad internacional, es uno de los que callan cuando sus soldados asesinan y detienen y actúan con modos copiados del más puro estilo fascista. Calla, cuando la comunidad internacional les exige justicia. Los enemigos de Israel no tienen ni tendrán justicia. Los palestinos, el pueblo palestino, en medio de dos extremismos radicales sufre las consecuencias.
Hay que erradicar el horror, no justificarlo. No hay que pelearse por ver quien tiene la culpa, quién disparó primero… hay que acabar con los disparos. Espero que algún día el recuerdo del holocausto, del horror de las guerras y el horror de la violencia sea eso, tan solo un recuerdo del pasado.
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