La sonrisa G20
         

¿Debemos dar por solucionada la crisis?

Han tardado 3 meses de crisis y dos días de reunión, para poner sobre la mesa 5 billones de dólares (5 trillones $ en formato decimal americano). En contraste, en la última cumbre sobre el hambre en el mundo, la Unión Europea y EEUU prometieron unos invisibles 2 mil millones de euros para conbatir la pobreza, incluso se habló de 5 mil millones tras un emotivo discurso de la señora Clinton. Quedan ya claras las prioridades.

El pastel se reparte de forma caprichosa y abstracta. 500 mil millones para el FMI, 250 mil millones para fomentar las exportaciones, 750 mil millones para los países con más dificultades (no han especificado cuales) 100.000 millones para los bancos multilaterales de desarrollo (Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo) y así hasta dejar el plato limpio. Imagino el tamaño de las migajas, que seguramente ya alguien está saboreando. Las cifras marean tanto que parecen estar en otro idioma.

Los jefes de estado le echan la culpa y los perros a los paraísos fiscales y al secreto bancario. Demonizan así a un culpable abstracto y con mala prensa. Finalizan la cumbre felicitándose unos a otros porque dicen haber puesto solución a la crisis, dicen haber creado un “nuevo orden mundial”. ¿Nuevo? ¿Orden? Debemos estar ya tranquilos porque nos han inyectado confianza, pero no creo que mañana vea yo en las calles sonrisas G20 en la cara de la gente, en las colas del paro…

Lo único que han hecho es ayudar a los buitres bancarios, ayudar a consorcios y empresas de exportación que son todas de sus “amigos” y conocidos. Están dando de comer a un monstruo hambriento que no tardará en devorar hasta el último dólar de esta flamante solución ¿y luego qué?

Cinco billones de dólares para reactivar la economía y a los pobrecitos bancos... sus queridos bancos. Pero ¿de dónde sale ese dinero? ¿Lo tenían guardado? Ya imagino el tamaño del ladrillo que tapaba semejante escondrijo. ¿Qué se va a quedar sin pagar? ¿las pensiones? ¿la seguridad social? ¿La seguridad antiterrorista? ¿Los ejércitos? ¿proyectos sociales? La manta tiene una medida exacta y no cubre toda la cama. Estirar hacia un lado u otro solo destapará el extremo opuesto. Nos han contado el lado bueno, pero no nos han dicho cómo o quién paga la factura.Seguramente la gente normal, todos los que no fuimos invitados a la cumbre, como siempre. Paga el G-6.000 millones.

De entrada la cumbre del G-20 comenzó con una gran mentira. “Los manifestantes toman La City londinense” decía la institucional Euronews mientras ponía la imagen de los policías dando golpes a un grupo de supuestos violentos y la de un manifestante rompiendo la cristalera de un banco escocés. Nada más falso. Por más que algunos medios masivos de comunicación insistan, las manifestaciones de protesta a la reunión del G-20 en Londres han sido pacíficas. Todo tipo de grupos ecologistas, pacifistas, antisistema… se reunieron para gritar a los representantes de los 20 países más poderosos del mundo que la crisis es la consecuencia de un capitalismo salvaje, utilizado con fines egoístas y sectarios por todos y cada uno de ellos. Los tres o cuatro supuestos violentos no eran representativos ni mucho menos de lo que sucedía en la calle. Más bien y como de costumbre, la imagen de la violencia parece preparada, concertada, ensallada para el enjambre gigantesco de cámaras que les rodeaban.

Algo huele a podrido. El “Summit” tiene logotipo, gastos de publicidad, de marketing, diseñadores, decoradores, cocineros, gastos de transporte, vehículos, seguridad, páginas web, empleados, comunicaciones... Escenario para vídeos y fotos con el nombre de cada uno escrito en el suelo. Un buen sitio por cierto.

Los políticos tienen sonrisas para todos, que ningún fotógrafo se vaya si ella, así tengan que moverse en cámara lenta, con apretones de mano largos y pausados, con gestos imperceptibles y estudiados, con sonrisas petrificadas en los rostros… Es un tipo de sonrisa forzada, blanca, perfecta, ensayada… un estilo de sonreír que bien podría quedarse con el calificativo de “sonrisa G20” y utilizarlo en anuncios de pasta dentífrica.
Vemos a los actores pero no vemos al director de esta carísima película. Tampoco sabemos cuál es el guión, cómo termina la historia, aunque la pregunta debería ser ¿hay realmente un guión?

En la cumbre está Felipe Calderón, presidente de México, que pretende aportar soluciones cuando en su país hay 60 millones de pobres y la riqueza la controla solo el 3% de la población. El presidente mexicano representa 50 años de mentiras para encubrir una crisis permanente. ¿Viene a enseñarles a mentir? A dar cátedra, a pasarles discursos y palabrería que ya está utilizada con éxito. Cada seis años, a los mexicanos se les dice que ya se va a acabar la crisis, que van a despegar, que el país crece, pero cada día se hunde más y más y nunca salen de agujero. Los únicos que salen y con las manos llenas son los políticos. ¿es esa la estrategia en Europa? Marearnos con cifras incomprensibles y convencernos de que ya todo está bien, aunque no lo esté. Con números del PIB y del FMI.

Seamos realistas, el G-20 no se reúne para cambiar el rumbo, si no para estudiar la forma de continuar y mantener el sistema como siempre, pero sin caer en el agujero que ellos mismos han abierto. Se resisten a entregar la plaza.

Es el club de los G-20, es decir, los países que hace 20 años deberían haber hacho algo para poner la humanidad en un lugar lleno de futuro en vez de hundirnos en un lugar lleno de basura.

 
   
     
           
World Image Press