¿A qué sabe la esperanza?
         

Obama gana las elecciones

5-Octubre-2008 - El senador Barak Hussein Obama Jr. es ya el presidente electo de los Estados Unidos de Norteamérica. El color de su piel le concede un puesto automático en la historia, algo que otros presidentes deben trabajarse a conciencia y protagonizar  guerras, conflictos, escándalos... Será esa una ventaja y una garantía de tranquilidad, ya que está superada el ansia principal, el hambre del ego presidencial, del ego megalómano de cualquier político. Aún así, Obama dice querer o, corrijo, asegura que va a cambiar el mundo. ¿Puede? Desde luego, si algún político o presidente puede es el de EEUU, de ahí la histeria colectiva y la ola de esperanza que ha recorrido el mundo.

Hace apenas 40 años, Obama sólo hubiera podido entrar en la casa Blanca con una escoba y un cubo. No hubiera podido ni votar en muchos estados. No hubiera podido ni compartir el baño con un blanco. Hoy parece que todo eso haya desaparecido, aplastado bajo el peso de la razón. Tontamente, este pequeño detalle pintoresco, este insignificante rasgo del color de la piel se ha convertido en casi lo más importante, en lo más destacado, en la base de todo.
No se sabe qué va a ser de la economía, no se sabe si esto se terminará de hundir y pasaremos hambre, pero hambre con ilusión. Nos alimentaremos de pedacitos del sueño de Luther King, repartido hoy como hostias de iglesia entre la población demócrata.

Pero el nuevo presidente también comienza arrastrando más enemigos que de costumbre. Ahora ya no hay impedimentos democráticos, legales ni más conejos salidos del sombrero para impedir su llegada a la presidencia. Ya no hay opciones para aquellos que se niegan a aceptar el resultado electoral, que en muchas ciudades de los estados del sur se está utilizando como reclamo para vender armas. Por eso, el riesgo, el miedo y la sospecha de que pueda sufrir un atentado y ser asesinado crece de manera exponencial según se acerca el 20 de enero. A la colección habitual de locos y perturbados hay que añadir un enorme y poderoso sector de la población americana dispuesta a cualquier cosa antes que ver a un presidente negro sentado en la Casa Blanca. El inminente (dicen) desbloqueo de Cuba, la extinción de Guantánamo, la mirada puesta en el cambio climático son (entre otros) temas muy calientes y en los que está la fuerza de miles de millones de dólares en contra. De entrada dice que retirará las tropas de Irak en 16 meses, algo que cortará los beneficios multimillonarios de muchas empresas dedicadas a “la defensa”.

El mundo que hereda este hombre “flacucho” como le llamó el Gobernador de California es un caos. Probablemente el trabajo de muchos en la Casa Blanca y casas afines, será quemar documentos antes de que caigan en otras manos y lleguen a la luz pública. ¿Sabremos cuáles son realmente las relaciones entre el gobierno y las empresas inmiscuidas en “las guerras contra el terrorismo”? ¿Se desvelarán los secretos y vacíos relacionados con el 11 S? No creo, pero el gobernador de California debería darse cuenta que ahora este flacucho tiene mucha más fuerza que todos los músculos de Conan el Bárbaro y sin pisar un gimnasio. ¡Jódete de envidia, Arnold!

Ahora viene lo más difícil: cumplir promesas. Muchos creen ver ya las luces del famoso “cambio” ofrecido en las elecciones, lo saborean ya como algo dulce, aunque para otros tantos sea amargo, incluso venenoso.
Los problemas económicos posiblemente creados o aumentados a propósito como bienvenida a la nueva administración, son tan grandes que quizá retrase muchas de las iniciativas. La vida de la gente, no solo en EEU si no en el resto del mundo, depende de la economía y no del color de la piel. ¿Notaremos el cambio?
Conceptos negativos a parte, si este hombre representa menos injusticia, menos guerra, menos desgracias, menos misiles, menos presos en Guantánamo, menos barcos-prisión… creo que todos habremos ganado y el mundo podrá saborear entonces ese cambio.

 

 
   
     
           
World Image Press