7-Enero de 2009- Mientras Israel se siente magnánimo por regalar tres horas sin bombas a la población de Gaza, para el tránsito de la ayuda humanitaria, el mundo entero grita que se pare el ataque. Mientras unos pelean tratando de que Israel deje de asesinar niños con sus misiles, los líderes de Hamás envían a sus propios hijos como terroristas suicidas. Parece el campeonato mundial de “a ver quien es más bruto”. La sangre corre por las calles. Las bombas vuelan por los aires, el odio se tira como piedras a la cabeza del enemigo, mientras el enemigo se defiende a cañonazos.
La población es un escudo humano, según occidente, pero este escudo no resiste los embates y mueren inocentes por centenares cada día. Está claro que el escudo humano es totalmente inútil contra el ejército Israelí, que actúa con frialdad y desprecio. En esa ciudad viven muchos militantes radicales islámicos y tienen sus armas en casa, pero ni todos los palestinos son terroristas, ni todas las casas son arsenales secretos. Si en Gaza hubiera más misiles y más bombas Hamás no dudaría en utilizarlas, actuando con el mismo desprecio y crueldad, pero no las tiene, aunque eso no les hace menos culpables. No se puede justificar la muerte de un niño israelí connel argumento de que el ejército hebreo ha matado a 20 niños palestinos, o cien, o mil.
¿Se puede apoyar a Palestina sin apoyar a Hamás? ¿Podemos defender la posición de Israel, sin estar de acuerdo con los ataques? ¿Podemos condenar la violencia simplemente, sin importar quien la provoque?
Una cosa es clara y lógica: con violencia no se acaba la violencia. Si los políticos hebreos mostraran un mínimo de sentido común deberían tenerlo en cuenta, pero no lo hacen. Tampoco los radicales islámicos. ¿Cuesta tanto sentarse a dialogar? ¿Resulta algo tan fuera de este planeta poder llegar a un acuerdo?
El pueblo judío esta en un 60% a favor del ataque y los políticos buscan esos votos a como de lugar. Es la propaganda electoral más cara de la historia. Bush, EEUU, no puede menos que apoyar la violencia porque son coherentes con su política de los últimos años de “mata a tu vecino antes de que él te mate a ti”. Hubiera sido una verdadera sorpresa que apoyara el alto el fuego.
Las Naciones Unidas han hecho el ridículo, como siempre. Las palabras de paz se ahogan bajo los gritos de odio y de venganza. La presidencia europea ha hecho también su papelón, cuando el presidente de turno hizo declaraciones institucionales contrarias a la de los líderes de Francia o España. ¿No son acaso una sola voz? No hemos escuchado al Rey de España gritándole a los cañones "por qué no te callas" pero sí al presidente Zapatero y a su vicepresidenta pronunciando palabras contundentes. Zarcozy ha ido un poco más lejos tratando de apuntarse el tanto de la paz, como siempre, pero esta vez no ha conseguido resultados. El mundo no es capaz de imponer la Paz.
Al final y como siempre, todo este odio lo pagan los que menos culpa tienen. Deberían ir a juicio los culpables, tanto de un lado como del otro. Los que matan con la bomba en la canasta del mercado y los que la envían con rayo láser desde un avión supersónico. Con bombas, con asedio, de hambre o con balas... Si no son misiles caseros, serán terroristas con excavadores. El terror se puede sembrar de muchas formas, pero el fruto que se cosecha es siempre el mismo.
Israel es un pueblo que, con su pasado, debería liderar los acuerdos pacíficos en todo el mundo, debería ser ejemplo después de lo que ha sufrido, y no darles a otros ese mismo sufrimiento.
Irán, por el momento no ha hecho grandes aspavientos, lo que no concuerda con la propaganda de EE.UU. sobre el carácter de Mahmud Ahmadineyad. Si fuera verdad que es un loco energúmeno como lo pintan, hace días que hubiera cometido alguna barbaridad militar.
Será porque este conflicto ha pasado ya varias veces por crisis similares, o porque hasta los más violentos tienen miedo de una guerra mundial. ¿Habremos aprendido algo?
Todo es estrategia, convenios, intereses, planes, política… el odio es solo el títere dentro de estos macro planes internacionales. Pero es tan pasional que cuando estalla no vemos más allá. Maldito conflicto que absorbe con una sed desmedida los informativos y las noticias del mundo entero. Protagonismo sin límite, que opaca las mil y una desgracias que sacuden el planeta a diario. La sangre no apaga la sed, no es suficiente, hay que beberse la tinta de los periódicos… El día de la ira, convertido en show del terror televisivo.
Todos los periodistas corresponsales en Medio Oriente saben que muchas de las imágenes de niños palestinos muertos se hacen con una doble moral, casi propagandística, sin darse cuenta de que la realidad por si misma es terriblemente elocuente. Impactantes imágenes que las agencias demandan hambrientas porque se venden en todas las televisiones del mundo. Es la cara más salvaje del terror y en casa, el morbo quiere ver ese rostro. Del otro lado también hacen propaganda y son capaces de convertir en apocalíptico la caída de un misil en un descampado.El impacto de las noticias interesa tanto o más que el de las bombas.
Mil ojos, por cada ojo. Toda imagen es enmarcada, comentada, utilizada según al conveniencia de quien la difunde. Nos quieren hacer tomar partido, influenciar en la opinión para tener así más razones y menos dudas a la hora de matar. ¿Debemos hacerlo? ¿Debemos caer en el juego? Posicionarnos de un lado y pelearnos con los del lado contrario? Comparar atrocidades, hacer un listado de muertes, de niños, de mujeres, de inocentes... competir a ver quien mata más... Llamarnos asesinos mutuamente, buscar excusas, etiquetar las verdades como mentiras, las mentiras como lemas políticos, la lucha como algo sagrado, lo sagrado como algo sangriento, la sangre como bien prescindible. Sería mejor parar las bombas y hablar, sería mejor dejar la muerte a un lado y pensar en los inmensos beneficios que habría para ambas partes si colaboraran en una economía conjunta. Derribar muros y construir hospitales, carreteras... Sería mejor pensar en el futuro, unidos y no solo para el que quede en pie. Pero la venganza pesa más que el plomo, de las balas, y la balanza se rompe. Y mientras tanto, el mundo contempla este triste espectáculo de horror, hipocresía, inmovilidad, una y otra vez. El odio, convertido en el show del momento.
No. Parece mejor afilar los cuchillos y prender fuego al enemigo. Sembrar sal y quemar nuestros propios campos, para hacerlos de batalla y no de cosecha. Regar con sangre y no con agua. ¡Qué pena de mundo! La humanidad entera, es un terrorista suicida. Kamikazes para nuestro futuro.
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