26-Enero-2009- Evo Morales ha conseguido el apoyo necesario para crear una nueva constitución en Bolivia. No ha sido una victoria aplastante, más bien ajustada, pero suficiente para darle al presidente el margen de maniobra que necesita. "Hoy se refunda una nueva Bolivia con igualdad de oportunidades" dijo tras saber el resultado electoral, que refleja también la profunda división de ideas que hay en el país.
Respiran tranquilos aquellos que mantienen la esperanza en esta nueva afinidad entre presidentes latinoamericanos. Falta saber qué va a pasar con Chávez, aunque sea cual sea el resultado, promete poner en evidencia las profundas divisiones que también existen en Venezuela.
En otras épocas, cambios como los actuales solo se hubieran conseguido con golpes de estado y luchas internas, pero hoy, la democracia es la herramienta utilizada para decidir el rumbo. Eso es un paso de gigante. Un gigante que empieza a caminar.
Cuando se menciona a “Estados Unidos” nadie pregunta “de qué país”. Pero los Estados Unidos Mexicanos existen. Hace casi un siglo que México, en silencio, permite que el país predominante se quede con la denominación en una muestra declarada de sumisión. Quizá haya llegado el momento de quitarle al país predominante los derechos de uso de este nombre y pasarlo a un concepto mucho más ambicioso: Los Estados Unidos de Latinoamérica.
¿Alguien duda de la capacidad económica de esta utopía? ¿Sería un remedio ante la crisis? Sería una opción contraria a los intereses de EEUU, que intentaría impedirlo a toda costa para continuar siendo la cabeza del imperio. Ningún “amo” quiere ver a sus esclavos emancipados y haciéndole la competencia, y mucho menos quitándole el negocio, pero por desgracia para ellos es exactamente lo está ocurriendo. ¿Debería ser México quien diera el primer paso? Quizá, pero no puede.
No es algo fácil. A Europa le está costando mucho trabajo y muchísima paciencia llegar al sueño de un estado único, pero se han trazado el objetivo y parece que lo están consiguiendo a pesar del rechazo a la primera constitución común.
EEUU por suerte, tiene todo esto de nacimiento. Una gran ventaja.
Las alianzas actuales provocan miedo al primer mundo desde hace tiempo, más cuando ven a Evo y a Chávez abrazados a Lula, Kirchner o Michelle Bachelet. Chile, a pesar de tener una izquierda bastante más moderada de lo que muchos creyeron al principio, parece dispuesta a buscar puntos comunes antes que renegar de ellos.
De todas las alianzas y acercamientos, el que más llama la atención es el de Cuba. La isla, que durante décadas se ha tratado de borrar del mapa, está ahora más viva que nunca, a pesar del “retiro” de Fidel. Es un buen indicio que los gobiernos actuales del continente tengan en cuanta a este país.
El miedo occidental alcanza ya su grado máximo cuando vemos a Iran, entablando relaciones comerciales serias con Bolivia o Venezuela.
No me extraña que la Casa Blanca vea a Chávez como a un enemigo en potencia, ya que pone en serio peligro la supremacía Norteamericana en el continente. A pesar de ello, si alguna vez ha habido posibilidades de dar los primeros pasos hacia la unión latinoamericana, es ahora que “Mr. Danger” se ha ido y el despacho oval lo ocupa Obama. Sería un reto mal encaminado si se llevara a cabo ignorando a los vecinos del Norte, que a este paso, terminarán pidiendo y llamando a las puertas del sur.
Durante medio siglo la gran pesadilla de EEUU ha sido una Latinoamérica unida por ideas comunistas o de izquierda radical. La guerra fría se encargó de crear terribles dictadores capaces de frenar tales expectativas pero hoy esas épocas parecen haber terminado, despejando el camino, pero ¿es necesario implantar el comunismo o ideas afines para poder llevar a Latinoamérica a su verdadera independencia? Quizá, el problema reside en la forma y no en el fondo. No todos los latinos que reniegan de EEUU quieren ser comunistas. Muchos países estarían dispuestos a sumarse al esfuerzo, pero no a sumarse a la izquierda radical o a ser como Cuba. Esa barrera debería desaparecer.
Un grupo de países no puede forzar al resto porque estaríamos cayendo en el mismo error que los imperialistas. La cohesión debe ser por voluntad propia.
En la vieja y civilizada Europa han implantado el euro pero aún no es la moneda única, Suiza no quiere perder su "franco", tampoco inglaterra y eso que todos los países tienen una misma política, una misma ideología. Algunos se inclinan un poquito a la izquierda, otros a la derecha pero básicamente hay un punto intermedio general basado en el capitalismo moderno. Eso nos enseña que un proyecto así puede costar muchos años en la nueva y revuelta latinoamérica, más de los que podría estar Chávez en el poder por mucha constitución que reforme, o Evo o cualquiera de sus presidentes. Estamos hablando de un recorrido muy largo. ¿Sería posible atajarlo? Siempre y cuando se respete la democracia… Los líderes deben de parar de mirarse al espejo y mirar más allá.
En política ha ocurrido como en la informática: los ordenadores y las computadoras de hace veinte años, aunque se conserven de maravilla y funcionen a la perfección, no tienen un futuro viable. Ni siquiera el capitalismo tiene futuro en su estado actual. Se derrumba, de desmorona bajo nuestros pies, al mimo ritmo que el cambio climático. Es hora de ideas nuevas. De nuevos retos.
Por desgracia, el consumo de cocaína se ha convertido en la bola de hierro atada al tobillo del continente. ¿Y quién la consume? Dado el nivel de producción y el volumen de ventas, está claro que toda Europa, y todos los norteamericanos. En definitiva y generalizando, todo el primer mundo se droga.
Nadie se ha parado a pensar qué va a ocurrir, cuando en este proceso de capitalización, a los chinos les de por consumir coca. Cuando China demande cocaína al mismo ritmo o tan solo a la mitad del ritmo que consume EEUU o Europa, no habrá selva suficiente para sembrarla. Quizá deberíamos replantearnos el tema de su legalización porque las posibilidades comerciales son demasiado grandes para ignorarlas a la hora de pensar en economía mundial, antes de que los mafiosos se den cuenta y se pongan a comprar o fabricar políticos que estén de su lado y todo se vuelva negro y viscoso.
El mal, la violencia, la sangre que circula en el sub-mundo paralelo de los narcos puede terminar con el sueño y la utopía con la facilidad con que algunos se meten una raya en la nariz.
Latinoamérica tiene sed y hambre de algo mucho más escaso: libertad. Independencia. Progreso. Y es curioso que Chávez haya resucitado el espíritu de Simón Bolivar, porque por desgracia, esa revolución sigue pendiente. Inacabada.
Ojalá los presidentes de Latinoamérica, hoy en el poder por vías democráticas, casi por primera vez, puedan ponerse de acuerdo. Tengan la libertad de utilizar los recursos y las riquezas para el bien común y no extranjero. Ojalá se puedan sentar todos a una mesa y limar las diferencias. Apagar los resquicios del imperialismo que aún mantiene atado con la correa de la deuda externa a más de uno. Saquemos el veneno de las venas latinoamericanas e inyectemos esperanza. |