Los primeros pasos de Berlusconi
         

IAgosto-2008- La ley marcial desfila por las calles italianas con un objetivo claramente racista: buscar inmigrantes ilegales y detener e identificar personas de etnia gitana. El gobierno pone en la calle a tres mil soldados armados hasta los dientes y a otros tres mil a la espera de una llamada de teléfono. “Ha llegado el momento de que el Estado vuelva a ser Estado" ha dicho Berlusconi, y con estas palabras ha dado el primer paso ¿hacia dónde?

Por desgracia, los ojos de muchos italianos ven esta medida militarista con agrado, ya que los inmigrantes, en especial los de etnia gitana, se están convirtiendo (según los políticos) en un problema social grave. La gente, infectada con el virus del miedo, muerta del pánico, se siente más segura con los soldados en las calles. Da la impresión de que la tranquilidad, para muchos europeos, bien vale la eliminación de algunos derechos humanos o constitucionales.
Cuando Berlusconi  anunció días atrás que cerraba sus fronteras para evitar inmigración ilegal, otros políticos del viejo continente sentían envidia, ya que su imagen de "líderes democráticos" no les permite admitir delante de las cámaras que desearían imponer también este tipo de medidas.

Los métodos dictatoriales de la derecha más extrema, los métodos de los fascistas alemanes de los años 30, los métodos de Musolini, los de Stalin, comienzan a despuntar ante nuestras propias narices.
Las posibles protestas de los partidos de la oposición o de la sociedad europea que aún cree en la libertad, no le quitan el sueño al “nuovo dictador italiano” ya que tiene inmunidad total, otorgada por el senado gracias a la ley que él mismo inventó.

Es un primer paso. Un peligrosísimo primer paso. Miedo da pensar cuáles serán los siguientes. Si estos métodos no son detenidos al instante, dentro de poco los militares, los policías, los “agentes de gobierno” terminarán controlándolo todo y controlándonos a todos. Y aquellos que hoy callan y aceptan la medida, callarán y mirarán hacia otro lado cuando vean que a un inmigrante de raza negra le estén dando una paliza o llevándoselo en un vehículo a un destino desconocido. Nadie hará preguntas ni se interesará por los desaparecidos, hasta que llegue el día en que los desaparecidos ya no sean solo inmigrantes.
El silencio es un aliado muy beneficioso para las dictaduras, como lo es ya para las mafias italianas.

Muchos alemanes, durante los primeros años del nazismo, veían cosas similares, veían soldados y agentes haciendo uso y abuso descontrolado de las leyes, de la fuerza… pero nadie hizo nada, todo el mundo pensaba que no pasaría de ciertos límites y que todo era por el bien de la sociedad. Pero si esos límites no son trazados por la sociedad, dejan de existir. Hace tiempo que algunos periodistas publicamos que esto podría pasar, pero nos tacharon de exagerados y alarmistas. Nadie pensó que en Europa se volverían a ver las botas del ejército realizando labores de control social, pero ha ocurrido. ¿Qué será lo siguiente? ¿La libertad de prensa? ¿Berlusconi hará que cierren todos aquellos medios de comunicación que hablen en contra de sus medidas? No tardará mucho en prenderse la violencia y la represión, no falta mucho para que un militar o un policía se exceda y ocurra una desgracia. ¿Censurará las noticias cuando hablen de ella? ¿Se esconderá la verdad?

Esta ocurriendo ante nuestros propios ojos y nadie levanta la voz. Nadie lo impide. La Unión Europea como mucho escribirá un par de discurso que no servirán de nada porque en realidad, no tiene la fuerza ni la capacidad de responder. La ONU hará algún discurso similar pero poco más. ¿Sanciones? Ninguna, aunque si esta medida la hubiera impuesto China, Irán o Sudan, seguro que las posturas internacionales serían más contundentes. La OTAN no tiene competencias, EEUU no considera eso un ataque a la libertad, que tanto defendió en Irak. Berlusconi será saludado por los demás compañeros de trabajo, los demás jefes de estado, como si fuera un amigo. Sarkozy seguirá riéndose de sus chistes y Zapatero, ese que no quiso levantarse ante la bandera americana en protesta por la guerra de Irak, seguramente no hará lo mismo hoy ante de la bandera italiana. La hipocresía vuelve a ser la música favorita de los políticos. A todos les gustaría hacer lo mismo. Quizá si ven que a Berlusconi le va bien, que no pasa nada, decidan seguir ese primer paso. Ese es el verdadero peligro: la impunidad.

 

 
   
     
           
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