El Art&culillo
Por Nadia Carro
No. No voy a callarme. Aporread mi lengua con todas vuestras fuerzas. Gritaré y gritaré todas vuestras injusticias, vuestros escándalos, vuestros abusos, vuestras orgías de poder. Os llamaré por vuestro nombre, gobernantes ignorantes, delincuentes, maleantes. Recorreré las calles cuando y por donde me de la gana, por que son mías. Y caminaré, mientras tus perros sarnosos disfrazados de policías disparan a mis piernas sus pelotas de goma. Pensaré, pensaré y pensaré. Por mucho que te joda y por más veces que aporrees mi cabeza, pensaré. Mátame, no tengo miedo, no tengo nada que perder, he visto morir mis libertades una a una, he visto a tus sucias manos asesinar mi democracia, veo al lenguaje herido de muerte, agonizando lentamente. Tú los mataste, gobernante, y tendrás que matarme a mí también porque no voy a callarme.
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¡NO VOY A CALLARME!
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LA PERIODISTA ANNA POLITKÒVSKAYA asesinada a tiros en la puerta de su casa.

Carta de Beslán Gudáyev, detenido a comienzos de agosto durante una verificación de documentos, extraída del artículo inacabado de la periodista Ana Politkovskaya (asesinada en la puerta de su casa)

Rusia, 29 de agosto: "... Después de que me extraditaron de Ucrania a Grozni me llevaron a un despacho y me preguntaron inmediatamente si yo había matado a la gente de la familia Salíjov, a Anzor y a su amigo, un camionero ruso. Juré que no había matado a nadie y que no había derramado la sangre de nadie, ni del checheno ni del ruso. Me dijeron: 'No, tú los mataste'. Volví a negarlo. Después de que por segunda vez dije que no había matado a nadie comenzaron a golpearme. Primero, me dieron dos puñetazos en la zona del ojo derecho. Cuando recuperé el sentido después de esos golpes me torcieron los brazos y me esposaron con las manos por delante, y entre las piernas, por el costado, introdujeron un tubo para que yo no pudiera mover los brazos aunque ya estaba esposado. Luego me cogieron, mejor dicho cogieron el tubo por el extremo al que yo estaba enganchado y me colgaron entre dos cajoneras, a una altura de cerca de un metro”.
"Inmediatamente después de que me colgaron me fijaron unos cables en los meñiques de las manos. Un par de segundos después comenzaron a darme golpes de corriente eléctrica y a golpearme con porras de goma por todas partes. Sin poder soportar el dolor, empecé a gritar y a invocar el nombre del Todopoderoso. Como respuesta, para no oír mis gritos me pusieron una bolsa negra en la cabeza. No recuerdo cuánto tiempo duró aquello, empecé a perder el conocimiento del dolor. Al ver que perdía el sentido me quitaron la bolsa de la cabeza y me preguntaron si iba a hablar. Les dije que sí, aunque no sabía de qué iba a hablar. Les contesté así para librarme del suplicio aunque sea por un momento".

"Me descolgaron y me arrojaron al piso. Me dijeron: 'Habla'. Les respondí que no tenía nada que decir. En respuesta a mis palabras me golpearon con el tubo en el que me habían colgado también en la zona del ojo derecho. A causa de los golpes caí sobre un costado y, ya casi inconsciente, sentí cómo seguían dándome golpes por doquier... Otra vez me colgaron y todo volvió a repetirse. No recuerdo cuanto se prolongó. Me arrojaron agua varias veces"
"Al día siguiente me bañaron, me embadurnaron la cara y el cuerpo con algo. A la hora de almuerzo vino a verme un policía de civil y me dijo que habían venido unos periodistas y que yo tenía asumir la autoría de tres asesinatos y un asalto. En caso de que no lo hiciera me amenazó con que abusarían sexualmente de mí. Acepté. Después de la entrevista con los periodistas, me obligaron a firmar una declaración en que se decía que todos los golpes los había recibido durante un intento de fuga..." -fin del extracto.

Da miedo pensar que todo sea en vano, que uno está aquí para nada, que vive para nada que ama para nada...
Estimada Anna, la verdad no es en vano, tu vida no ha sido en vano, tu búsqueda de la verdad y la justicia no es en vano. Aquellos vejados, torturados, asesinados, aquellos, los débiles se hicieron un poco menos débiles, el día que tú naciste.
Los vejados y torturados se agarraron a la única mano que no pueden ver las sombras, solo digna de los ojos de ángeles de luz y mártires, la misma mano, esa, la tuya, con la que escribías a golpe de tinta y verdad el azote de torturadores e inhumanos.

Las lágrimas de las madres de los asesinados y secuestrados embalsamarán tu cuerpo manteniéndolo incorrupto por toda la eternidad.

Las balas que te mataron, tornarán su trayectoria y saldrán por la culata de aquellos que las mandaron disparar, el ruido de los disparos despertarán del sueño a esta justicia de “Blanca nieves” y a los que tú y yo sabemos se les terminará el cuento y no serán felices ni comerán perdices y tú serás el beso del príncipe salvador y la malvada madrastra tendrá al fin su merecido castigo. Aunque a veces de miedo pensar que todo sea en vano, que uno está aquí para nada, que vive para nada, que ama para nada...
El domingo 8 de octubre de 2006, la periodista Anna Politkòvskaya yacía en el suelo del ascensor de su apartamento sobre un charco de sangre, la asesinaron a tiros cuando  estaba terminando de elaborar un informe y sacar a la luz un video en el que se ponían al descubierto las torturas, secuestros y asesinatos perpetrados por el gobierno ruso cuyo jefe máximo es su “presidente” VLADIMIR PUTIN.
Gracias ANNA  POLITKÒVSKAYA por sacrificar tu vida por la verdad y la justicia. En definitiva, por morir viviendo:

Matándome Viviendo

Desafiando a la muerte en cada latido
Robándome la piel en cada gesto
Escuchando su voz en cada sinfonía
Bebiendo su icor en cada beso
Dejándome el alma en cada verso
Retándole a duelo en cada cigarrillo
Envenenándome por cada injusticia
Muriendo un poco más mi corazón en cada asalto
Perdiendo batallas en cada lágrima
Ignorándola en cada carcajada
Esnifando derrotas en la madrugada
Matándome viviendo
Sin medias tintas ni verdades
Dando grandes bocados
aunque me duelan los dientes y sangren las encías
Dando grandes caladas
aunque revienten mis pulmones
Gritando a vuestros dioses
aunque me crucéis la cara a bofetadas
Golpeando los muros
aunque me sangren las manos

Pegando patadas a las piedras
aunque me rompa los dedos
Amándote
Entregándome a tu luz
Abrazándome a tu sombra
Viviendo
aunque me deje la vida en el intento

En memoria de aquellas personas que como Anna Politkòvskaya sacrificaron su vida por defender la verdad y la justicia.

 

Nadia Carro
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