Chile

Por Paul Walder

Chile 4 marzo 2010- Diversos estudios realizados por el doctor en sismología Jaime Campos concluían con claridad y precisión sobre un terremoto entre 8 y 8,5 grados Richter para las regiones de Bío Bío y Maule. El área entre Concepción y Constitución tiene una acumulación de energía suficiente “para producir un gran terremoto entre 8 y 8,5 grados”, concluía uno de los estudios, publicado el año pasado. ¿Cuándo? En un cercano futuro, señalaba el informe.

Tras la publicación de un estudio previo hacia finales del 2002, Campos, responsable del Servicio Sismológico de Chile y profesor del Departamento de Geofísica de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, señaló en una entrevista aparecida el 20 de abril del 2003 en el diario El Sur que “la zona entre Constitución y Concepción es la que tiene un mayor peligro sísmico en el país”, a la vez que advertía que “como los beneficios de las políticas preventivas son perceptibles en el largo plazo aparecen como poco rentables”.
 
Jaime Campos explicaba que “el último gran terremoto de subducción, es decir, que se produce por el contacto entre las placas de Nazca y Sudamericana, ocurrió en 1835. Esto significa que hace más de 170 años, no ha ocurrido un terremoto con epicentro costero asociado a la zona de contacto interplacas. En 1996, monitoreamos durante dos meses el tramo y nos encontramos que tiene mucha actividad sísmica que la gente no percibe, pero que sí detectaron los instrumentos. Tras realizar mediciones muy precisas con posicionamiento satelital, GPS, llegamos a la conclusión que esa región tiene una deformación en la corteza, una de las más importantes de Chile, lo que permite que se acumule energía”.
 
Se había detectado una laguna sísmica en esa región, que es la ausencia de terremotos durante mucho tiempo en zonas donde se sabe que debieran ocurrir con cierta periodicidad. “Según el estudio, los rasgos de velocidad, de convergencia de placas entre Constitución y Concepción son iguales o muy similares a los que ocurren frente a Valparaíso, sin embargo no tienen la misma periodicidad, por lo que la probabilidad que ocurra un gran terremoto se acerca”. Por tanto, enfatizaba, “La amenaza en esa zona no se ha despejado. Todos los estudios que realizamos no contradicen nuestra hipótesis, al contrario, la avalan. tenemos bastantes elementos para decir que existe entre Constitución y Concepción la laguna sísmica más antigua detectada en Chile”.
 
Ante la certeza del inminente terremoto, que el estudio dimensionada entre 8 y 8,5 grados Richter, Campos ya entonces reaccionaba sobre la nula reacción de las autoridades ante la advertencia científica. Y sugería, entre otras acciones, “hacer mapas de peligro sísmico, que son los instrumentos que cualquier país desarrollado tiene para hacer la gestión del territorio, para decidir en un plan regulador si se va a poner asentamientos humanos, represas, puentes, etc., en un lugar u otro. Los instrumentos de planificación deben reposar en información sísmica que todavía no se empieza a producir en Chile, porque no tenemos monitoreada las regiones. Desde el punto de vista reactivo, se requiere instrumentalizar sísmicamente el país, para que la autoridad pueda tener información en tiempo casi real de lo que está pasando, ya que si no tenemos monitoreo en el caso de producirse un terremoto a las 4 de la mañana de un domingo, la autoridad a la hora de ocurrido el temblor desconocerá el epicentro, lo que retardará la toma de medidas para ayudar a los afectados, es decir, se ha perdido la posibilidad reactiva que tiene la sociedad de accionar frente a un desastre”.
 
“Chile es un país sísmico, quizás uno de los más sísmicos del planeta. Sin embargo, frente a ese problema real la respuesta de la sociedad es escasa. En las mallas curriculares de los colegios no hay nada o muy poco sobre riesgo natural (terremotos, maremotos, erupciones volcánicas, sequía, etc.), por lo que poco o nada puede opinar un ciudadano respecto a esos temas. Desde el punto de vista más técnico, tener un sistema de vigilancia sísmica requiere una inversión en el presente, cuyos beneficios preventivos están en un futuro lejano y como son poco tangibles, las políticas preventivas no son rentables”.

Estidios:

A seismological study of the 1835 seismic gap in south-central Chile (2002)

Interseismic strain accumulation measured by GPS in the seismic gap between Constitución and Concepción in Chile (2009)


A despenalizar la libertad de expresión

Por Pamela Sepúlveda

El derecho penal no debe aplicarse a la libertad de expresión y ser un instrumento para silenciar las radios comunitarias en Chile, plantean organizaciones dedicadas a la comunicación ante el cierre de emisoras de este tipo en este país austral. En 2009, siete radios comunitarias fueron cerradas por transmitir sin licencia, acusadas de interceptación de telecomunicaciones, lo que según la Ley General de Telecomunicaciones supone sanciones que van de multas e incautación de equipos hasta penas de prisión.

"Hay que impedir que más radios comunitarias sean silenciadas con la aplicación del derecho penal a la libertad de expresión", dijo a IPS Juan Enrique Ortega, de la no gubernamental Educación y Comunicaciones (ECO).

Radio Sin Tierra es una de las radios silenciadas. Se trata de una iniciativa de vecinos y estudiantes que trabajan voluntariamente en la emisora de Peñalolén, un sector popular del sureste de Santiago.

"Estoy en calidad de imputado por simplemente estar comunicando, por nuestra libertad de poder comunicarnos con el resto de la comunidad", dijo a IPS Fidel Galaz, uno de los radiodifusores de la emisora clausurada.

"Todos tienen derecho a comunicarse, más allá de si cuenta o no con los recursos para pagarle a la Subtel", enfatizó en referencia a la Subsecretaría de Telecomunicaciones, que se ocupa del otorgamiento de las licencias para operar el espectro radioeléctrico, un requisito que exige una inversión de la que esta radio comunitaria no dispone, al igual que otras muchas.

ECO estima que en Chile se debe invertir el equivalente de 2.000 dólares para postular a una licencia, sin que en contrapartida exista un sistema de subsidios destinado a promover la comunicación comunitaria y la igualdad de acceso.

Galaz rechazó el ofrecimiento del tribunal de una salida alternativa que suponía acoger la denuncia en su contra y terminar sus transmisiones, para liberarlo de posibles condenas.

Para este comunicador eso significaba el abandonar un proyecto colectivo y aceptar que los silenciaran. De ser condenado, se arriesga a tener que pagar una alta suma en multas y a una pena de hasta tres años de prisión.

La exigencia de terminar con lo que denominan la criminalización del ejercicio de la radiodifusión, es uno de los motores de la plataforma social conformada por la Asociación Mundial de Radios Comunitarias (Amarc), la local Red de Medios de los Pueblos (RMP), la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile, ECO y la Corporación La Morada.

La presidenta para América Latina de Amarc, María Pía Matta, dijo a IPS que "la coerción por parte de los estados y aplicar el derecho penal en esa materia nos parece que es atrasado".

Matta subrayó que al criminalizar la radiodifusión comunitaria, Chile " no está cumpliendo con los estándares internacionales a la que todos los gobiernos de América Latina se han suscrito a través del Pacto de San José de Costa Rica", como se conoce la Convención Americana sobre Derechos Humanos, vigente desde 1978.

En su visita a Chile en septiembre, la Relatora por la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Catalina Botero, sostuvo que "el derecho penal no está hecho para perseguir" a quienes ponen emisoras comunitarias. "El derecho penal está hecho para perseguir asesinos, ladrones, estafadores" y no a comunicadores, aseguró.

En América Latina, solo Chile y Brasil mantienen la transmisión sin licencia como un delito penal.

Las organizaciones de comunicación y las radios comunitarias exigen que se derogue el artículo 36b de la Ley General de Telecomunicaciones, que califica de delito penal emitir sin licencia y es una herencia de la dictadura del general Augusto Pinochet (1973-1990).

La norma nació en 1982 como un Decreto Supremo de Pinochet, con el fin de perseguir y acallar a los medios opositores.

Pasados 20 años de la recuperación de la democracia, solo ahora el ya saliente gobierno de Michelle Bachelet se ha mostrado dispuesto a enviar al bicameral Congreso legislativo un proyecto de ley que elimine la criminalización de la radiodifusión comunitaria sin licencia.

"El Gobierno se comprometió a estudiar y enviar un proyecto de un solo artículo que modifique la ley vigente, de manera de evitar las penas corporales para estos delitos", sostuvo la ministra de la Secretaría General del Gobierno, Pilar Armanet.

La iniciativa se enviaría al comenzar marzo, en las vísperas de que el día 11 la socialista Bachelet entregue la presidencia a Sebastián Piñera, el multimillonario empresario de derecha que ganó las elecciones del 17 de enero.

Así que sólo si el Ejecutivo establece un trámite de urgencia la derogación de la medida no quedaría atrapada entre las prioridades legislativas que establezca el nuevo gobierno.

Para la presidenta regional de Amarc, además no hay certeza sobre cuál sería la posición en la materia del gobierno de Piñera.

Y en cualquier caso, aunque se elimine la pena de prisión para la radiodifusión sin licencia, se mantendría la incautación de bienes y la imposición de multas.

El informe sobre Radiodifusión en Chile, producido por RMP y ECO y difundido en diciembre, revela que casi la totalidad de las acciones judiciales fueron interpuestas por miembros de la Asociación Nacional de Radiodifusores de Chile, que agrupa a las emisoras comerciales.

Para la RMP se trata de una persecución con tintes ideológicos y de imposición de las reglas del mercado, donde las comunicaciones son vistas solo como un negocio, y que se traduce en el hostigamiento a los comunicadores comunitarios y su criminalización por la justicia.

Esa persecución "implica que se hace un rastreo, un seguimiento de quienes son las personas que están tras los medios comunitarios con el fin de denunciarlos a la Secretaría de Telecomunicaciones o directamente al Ministerio Público", dijo a IPS Paulina Acevedo, integrante de RMP.

Los radiodifusores comunitarios recibieron en enero una noticia que les tiene satisfechos a medias. En enero, el parlamento aprobó una ley que crea los servicios de radiodifusión comunitaria, lo que beneficiaría a las cerca de 400 radios comunitarias con licencia en el país, que actualmente funcionan bajo la figura de radios de mínima cobertura.

La nueva ley, que está a la espera de su promulgación por Bachelet, reconoce legalmente su carácter social y comunitario, ofrece algunas mejoras técnicas, como el aumento de su potencia a 25 vatios, y amplia las concesiones hasta 15 años.

RMP, que agrupa a más de 50 medios comunitarios de distinto tipo, considera un avance la nueva norma, pero también alerta que supondrá una restricción para la proliferación de estos medios, ya que las relega a un segmento que limitará la posibilidad de concesiones.

También cuestiona que las emisoras tengan que ser certificadas como "comunitarias" por la División de Organizaciones Sociales de la Secretaría General del Gobierno, porque condiciona el permiso a la voluntad de turno de un gobierno, lo que facilitará abusos y arbitrariedades.

Para Ortega, de ECO, el problema es que no se entiende que el derecho a la comunicación es parte esencial de los derechos humanos. "Para avanzar en el reconocimiento y garantizar la libertad de expresión hay que democratizar las comunicaciones, y eso no se logra con esta ley", agregó.

Según la ley, las radios comunitarias no podrán ocupar más de cinco por ciento del espectro radioeléctrico chileno.

Las organizaciones sociales y los radiodifusores comunitarios han planteado al gobierno saliente que este mes se realice una mesa de trabajo especial, con amplia participación de la sociedad civil, para discutir los criterios para la redacción del reglamento que determinará la aplicación de la ley de Radios Comunitarias.

En esa instancia, podría adecuarse mejor las normas de cumplimiento a la realidad de estos medios populares, y al mismo tiempo impulsar que quede derogado antes del 11 de marzo el artículo que faculta que a los comunicadores comunitarios se les aplique el Código Penal.

El terremoto estaba anunciado desde el 2002
     
 
Tras la catástrofe natural, el desastre social

2 Marzo - 2010 1.- Aproximadamente a las 3.30 h de la madrugada del día 28 de febrero, se produjo uno de los desastres naturales más grandes de la historia del país y el quinto en la historia mundial, solo comparable en Chile al terremoto de Valdivia de 1960. Este desastre, con un terremoto de casi 9 grados en la zona centro-sur de la V a la IX Región, tsunamis e innumerables réplicas posteriores, ha llevado a decretar a estos sectores como “zonas de catástrofe” por parte del gobierno, y ha movilizado a todos los efectivos gubernamentales empezando a evaluar un plan de “reconstrucción nacional” porque tras la catástrofe natural, emerge la crisis social en la que se encuentran millones de familias trabajadoras y pobres.

2.- Según palabras del Ministro del Interior, el DC Raimundo Pérez Yoma, la situación que se está viviendo en gran parte del país es un “cataclismo con proporciones bastante históricas”. Ya van más de 300 muertos como cifra oficial y más de un centenar de desaparecidos y en las próximas horas se contabilizarán muchos más. Es que la situación es verdaderamente catastrófica para los sectores obreros y populares como muestra la cifra de damnificados. La ministra de Vivienda, Patricia Poblete, sostuvo que preliminarmente se maneja una cifra de “1,5 millones de viviendas con algún nivel de daño y 500 mil con daños severos”. Se habla de cerca de 2 millones de familias del pueblo trabajador damnificadas.

3.- Cientos de miles de casas, edificios y departamentos se han derrumbado, y otros tantos miles de las comunas más pobres se encuentran con riesgos estructurales y en situación de derrumbe. La situación en los hospitales no es menor: el hospital del Maule se encuentran en una crisis estructural por el desastre. El hospital regional de la Araucanía ha sido desalojado ante el peligro de derrumbe. La situación es parecida en los hospitales públicos de Concepción, Tomé y en las provincias del centro-sur del país. En Lampa se incendiaron 3 industrias de plásticos formando un nubarrón químico que llevó a la municipalidad de Lampa a intentar evacuar la comuna, y que se está expandiendo a otras comunas como Quilicura. El metro de Santiago estuvo cerrado. Múltiples locales comerciales también. El suministro eléctrico y de agua potable mientras se restableció en unas horas para la clase patronal, aún no llega a numerosas comunas obreras y populares que se mantienen en desabastecimiento de estos servicios.

4.- Si bien toda la prensa nacional y mundial tiene sus ojos puestos en el terremoto y las calamidades sociales que éste provocó, mostrando las palabras de ayuda del imperialismo norteamericano y una serie de países de Europa y América Latina y la movilización del gobierno, silencian con total complicidad con las clases patronales y sus políticos, que las consecuencias sociales que están golpeando caóticamente a los trabajadores y al pueblo pobre, no son en ninguna medida cuestiones “naturales”, sino el subproducto de los múltiples negociados urbanos e inmobiliarios de la clase capitalista con los partidos patronales del gobierno concertacionista y la oposición derechista que se iniciaron desde la dictadura y se han profundizado en los 20 años de la transición pactada.

5.- Gran parte de los derrumbes de edificios habían sido entregados el año pasado o en estos años anteriores. Lo mismo ocurre en comunas populares de Santiago y hacia el sur del país. Durante la dictadura y 20 años de democracia para ricos, el desarrollo inmobiliario fue a costas de financiamiento desde el Estado a los empresarios. Destinaron gran parte del presupuesto del Ministerio de Obras Publicas al financiamiento de las grandes empresas constructoras e inmobiliarias a través de innumerables subsidios. Con la carestía de vivienda de los trabajadores y del pueblo pobre hicieron millonarias ganancias a costa de programas de vivienda como las viviendas PET a trabajadores, o el fraude de las casas “Copeva”. A esto se suman las franquicias tributarias que permiten la evasión de impuesto vía construcción de “viviendas sociales” –verdaderos fraudes de uso y habitación- además de las rebajas impositivas a las grandes empresas. Estos pulpos capitalistas aprovecharon además junto al negocio con los bancos privados –en complicidad con el Banco Central- los préstamos crediticios, las hipotecas y otros instrumentos de sobreendeudamientos de las masas trabajadoras para tener viviendas donde residir, y pagando tasas de interés totalmente usurarias para viviendas en mal estado, como demuestra la lucha año a año de los deudores habitacionales endeudados con los bancos y empresas constructoras e inmobiliarias. Es ya conocida la situación de las viviendas sobretodo en la zona centro-sur ante los meses de invierno de la lluvia, donde año a año los gobiernos de turno deben destinar complejos deportivos y otros inmuebles como “vivienda temporaria” de miles de casas llovidas y con inundaciones. Este verdadero negocio de la vivienda no es una causa natural, es el usufructo de los capitalistas sobre las masas trabajadoras garantizado por la Constitución pinochetista y por el derecho patronal para el aprovechamiento del suelo, o el derecho de “uso y habitación”. Incluso, mientras hicieron millonarios negocios las constructoras, no dudaron en despedir cientos de miles de trabajadores de la construcción desde el inicio de la crisis mundial.

6.- Desde Clase contra Clase creemos que la situación catastrófica que están viviendo las masas trabajadores y del pueblo pobre, solo podrá ser resuelta íntegramente por los trabajadores mismos. La Concertación que se muestra ahora preocupada de estas calamidades sociales fue la cómplice de estos negociados que permitieron estas consecuencias. La derecha fue la inventora directa de los estos planes en la dictadura. El discurso de Piñera de enfrentar esta calamidad “con unidad nacional”, intenta esconder esta cuestión que está detrás de las graves consecuencias sociales. Además, el vocero de la derecha, El Mercurio y Piñera han salido a denunciar situaciones de “pillaje y delincuencia” en sectores donde se han producido saqueos y llaman a “restablecer el orden público”. Los trabajadores deben denunciar esta maniobra de la derecha, además de denunciar su rol junto a la Concertación como responsables de la calamidad social que están viviendo cientos de miles de trabajadores y del pueblo pobre.

La alcaldesa UDI de Concepción, capital de la Región del Bio Bio, una de las zonas más afectadas, advierte que se producirán saqueos, y reclama mayor presencia policial e incluso del Ejército. Ante el hambre, y la desesperación, muchos se vieron empujados a ingresar a supermercados para abastecerse. No es represión lo que se necesita: en lugar de pedir más policía y ejército, la obligación era proveer las dramáticas necesidades sociales.

7. La CUT debería encabezar esta lucha, peleando por un plan de reconstrucción gestionado directamente por los trabajadores y financiado por el Estado y por impuestos progresivos a las grandes empresas que se han beneficiado de este negocio a costa de la miseria de los trabajadores. Además, este plan de reconstrucción debe estar unido a la gestión obrera y popular del racionamiento de toda la ayuda y comida hacia las familias damnificadas así como de hospitales y servicios. Para ello es necesario un Encuentro encabezado por la CUT y organizaciones obreras, donde sindicatos, organizaciones del pueblo pobre, del movimiento estudiantil y de la izquierda discutamos este plan, y que esta tarea se lleve a cabo bajo Comités obreros y populares.