La República / Editorial
11 - febrero 2010 Fue una experiencia sin antecedentes en nuestro país la vivida ayer en el Hotel Conrad de Punta del Este, cuando más de mil empresarios, nacionales y extranjeros, se reunieron para escuchar a José Mujica y Danilo Astori exponiendo sobre las perspectivas del Uruguay durante el próximo gobierno progresista.
Fueron dos voces valientes que expusieron no sólo sus inquietudes y sus propuestas, sino que a la vez no ocultaron la filosofía política que los inspira. Como dijo el próximo vicepresidente de la República, el nuevo gobierno se propone "alcanzar niveles de desarrollo más altos, tanto en expansión material como en la construcción de condiciones de justicia para acceder a los frutos de ese crecimiento".
Señaló también que el gobierno entrante "tiene que basar su actividad en un proyecto nacional con visión estratégica, que no se agote en 5 años, sino que articule las acciones en ese marco a la luz de esa visión estratégica del Uruguay a un plazo mayor".
Teniendo bien claro el tipo de destinatarios a los que iban dirigidos sus mensajes, tanto Mujica como Astori se refirieron a la necesidad de inversión para potenciar el trabajo y así avanzar en la justicia social.
Siempre en esta dirección, Mujica sostuvo la necesidad de mantener y acrecentar el clima de inversión "porque no somos Mandrake y no podemos generar riquezas con decisiones legislativas".
Con una alta cuota de emotividad el próximo presidente dijo, desde el comienzo de su discurso, que "no sólo vale la pena invertir en Uruguay", sino que "vale la pena vivir en Uruguay", porque aquí "un presidente electo, un ministro, camina por la calle tranquilamente". Por eso la apuesta del gobierno será construir "un país sin mafia".
Los dos oradores coincidieron en destacar que se seguirán "perfeccionando los incentivos a la inversión", uno de los pilares de la próxima gestión, donde también se destacan la educación, la creación de conocimiento científico y tecnológico y la cultura, siendo fundamentales para crear valores de tolerancia y de solidaridad.
Ante la atenta mirada de los empresarios y de un grupo de dirigentes del PIT-CNT, Astori comprometió al próximo gobierno a continuar con políticas que permitan la estabilidad y la confianza entre el capital y el trabajo, enfatizando que se seguirá avanzando en la "red de protección social con objetivos cada vez más ambiciosos".
Por último el vicepresidente electo concluyó señalando que "no hay proyecto nacional si no hay un país abierto al mundo, el camino del Uruguay es un camino de cada vez mayor apertura".
Después de ayer, si alguien tenía dudas las tendrá que olvidar, porque quedó claro que habrá continuidad de la obra comenzada por el presidente Tabaré Vázquez y, a la vez, surgirá una nueva etapa en el proceso de cambios que es apoyado por la gran mayoría de los uruguayos. Con la mejor de las expectativas esperamos el 1º de marzo.
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11- febrero -
2010 Ocurrió lo que sabíamos de antemano que iba a ocurrir. El candidato presidencial del Frente Amplio, ni solo, ni acompañado, se prestaría a debatir en público con el otro candidato. No importaba el requerimiento de la opinión pública, y menos aun que estuviera mejor informada sobre el futuro del país y la suerte de aquellos valores consustanciados con la democracia. Es un episodio más de los tantos que hacen de la farsa y la doblez, ingredientes de la acción del candidato y de su partido, como lo reconociera en esa inesperada irrupción del subconsciente que se tradujo en "como digo una cosa digo la otra". Poco después de las elecciones internas, Laca-lle invitó a su rival a una polémica pública. Pronto vino la dilación y luego el rechazo, aunque envuelto en una contrapropuesta sin precedentes. Consistía que si la discusión fuera entre cuatro, con la presencia de los candidatos a la vicepresidencia, podría haber una base para la controversia.
Finalmente ante la evidencia de que se llegaría al acto electoral sin que pudiera haber un cotejo de ideas y planes, la fórmula nacionalista se avino, por poco racional que fuese la solución, a ese debate en cuaterno. Por un lado, permitía encubrir algunas carencias de Mujica, que en un debate mano a mano arriesgaban evidenciarse. Pero por otro lado, podría brindar un mejor conocimiento al ciudadano para emitir conscientemente su voto. Era quizás lo que aquel más temía. Somos muchos los que descontábamos que el debate no se haría, porque sencillamente estaban resueltos a que no se hiciera. Las objeciones, esquives y dilatorias anticipaban el final, pues como lo han demostrado en diversas oportunidades tienen miedo a la luz. Lejos de reconocer que ese era el final por ellos querido desde el principio, inventaron que si no se hacía la controversia pública la culpa era por presuntos agravios del Partido Nacional a raíz del arsenal de Feldman y de sus posibles implicaciones políticas. Lo que parecen olvidarse de pronto y sentirlo como agravio imperdonable, es que años atrás, no demasiados, el hoy candidato presidencial y sus compañeros fueron protagonistas de una desafiante asonada con armas, para impedir la extradición de los etarras dispuesta por la Justicia. Allí se apuntaba violentamente a la embestida contra las instituciones y su Estado de Derecho. No era esta entonces razón valedera para que se enojaran. Si lo fuese, resulta una farsa que la invoquen seriamente quienes a través de sus diferentes voceros, más agravios y falsedades han acumulado desde hace años contra el Partido Nacional. Y contra la historia del país aunque sea la gestora de las libertades de las que ellos disfrutan y que amenazan por distintos medios terminar con ellas . Todo este episodio es apenas un capítulo más de una callada estrategia que entre sus diversos objetivos tienen tres o cuatro que son fundamentales, aunque naturalmente no se proclamen. Convertir el Estado y el partido en una misma unidad. Así el Estado se hace el primer militante del partido, y este a su vez dueño de aquel. De allí a eternizarse en el poder. Al mismo tiempo se redujo casi hasta la asfixia el contralor de las minorías tanto por las crecientes dificultades para ejercerlo, como por las dilatorias que estiran las investigaciones hasta ver de alcanzar el olvido y con él la impunidad. Si fuera elegido para la Presidencia de la República es de temer que se va caminando a un régimen totalitario. Lo abonan: su pasado, los gobernantes por él admirados en América, su deliberadamente confuso credo y la bien conocida alianza que impuso su candidatura. Lacalle presidente es la comunidad nacional conviviendo en la libertad y la tolerancia. Mujica es una apuesta contra todo eso. |
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